
Me interesa más lo que una imagen hace sentir que todo lo que pueda explicar sobre ella.


Llevo muchos años mirando a través de una cámara y todavía me sigue interesando lo mismo: las personas. Lo que cuentan cuando se olvidan de que estoy delante.
Con el tiempo he aprendido que una fotografía no necesita demasiadas cosas para funcionar. A veces basta un gesto, una mirada, una luz o ese instante que dura mucho menos de lo que uno tarda en darse cuenta.
Por eso no me interesa que todas las personas se parezcan en mis fotografías. Prefiero observar, entender quién tengo delante y construir desde ahí.
Supongo que esa es mi manera de fotografiar. Buscar algo que sea bonito, sí, pero sobre todo que sea real, con alma, con mensaje.



Busco la que tiene algo. Un gesto, una mirada, una forma de estar que no se pueda repetir exactamente igual.
Hay momentos que necesitan espacio y otros una pequeña dirección. Mi trabajo está en saber cuándo intervenir y cuándo simplemente dejar que ocurra.
Una sesión no debería terminar cuando se entrega. Me interesa que con los años siga teniendo algo que contar de quién eras, de quiénes erais, de ese momento.
Observar, interpretar y decidir qué merece quedarse dentro de la fotografía. Ahí empieza todo.
Cómo trabajo →Si has llegado hasta aquí, probablemente ya estés imaginando ese recuerdo. Cuéntamelo con calma. Lo demás lo construiremos juntos.
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